Aprender haciendo: el legado que me dejó la Universidad Casa Grande
- Lisette Villacres
- 31 may 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 10 sept 2025
Cuando empecé a estudiar Ciencias Políticas en 2009, muy pocas personas en Guayaquil conocían la carrera, y por ende, no se entendía cómo estos estudios podían contribuir al ámbito laboral del país. Se confundía la profesión con el deseo ser político. A medida que surgieron más cohortes y, con la agencia de sus graduados, hoy la carrera es reconocida en diversos ámbitos: desde emprendimientos en servicios de asesoría, altos cargos en la carrera pública, obtención de puestos en organizaciones internacionales, hasta investigadores en centros destacados.
Reflexionando sobre este impacto, considero que la metodología de aprendizaje de la Universidad Casa Grande ha sido un factor diferenciador. En ese momento el eslogan era "aprender haciendo", y es un mantra que uso hasta ahora en cada nuevo reto laboral que enfrento. Si bien el mercado nos empuja hacia la especialización, la realidad es que siempre existirán nuevos campos de conocimiento y competencias. Por eso, tener la mentalidad de aprender en el proceso de ejercer una nueva actividad es vital.

Este método se aplicaba en mis tiempos universitarios principalmente de dos maneras. Primero, todos los semestres atendíamos casos en pequeños grupos: te entregaban un brief y tenías que responder y defender tu propuesta, en algunos casos frente a pedidos reales. Desde hacer una propuesta para el déficit habitacional de Guayaquil, diseñar soluciones para la atención integral de menores en situación de calle, hasta contribuir con un análisis PESTEL para que ingrese una empresa de alimentos al país. En el camino, aprendías a investigar en corto tiempo, analizar alternativas, redactar documentos tipo policy briefs, estudios de mercado (desde la mirada política), y afinar tus habilidades de presentación y negociación.
La segunda forma eran los llamados puertos limón y naranja. El puerto naranja fue el que mayor impacto causó en mí: en dos días y trabajando en grupos, debías responder a un gran pedido mientras recibías solicitudes más pequeñas de forma simultánea. Este reto me enseñó la importancia de priorizar, enfocarse y tomar decisiones rápidas. ¿A quién no le ha pasado que está completamente concentrado en un proyecto y, de repente, debe cambiar el foco para atender otra tarea urgente? Fue una experiencia muy cercana al ritmo del mundo laboral.

Hoy, ese enfoque sigue guiando mi forma de trabajar. Por eso quisiera compartirles cinco prácticas clave para desarrollar actividades en nuestra profesión:
Escucha activa y mente abierta: consultar con la contraparte cuáles son sus necesidades, dolores y expectativas. Toda solución significativa empieza por comprender al otro.
Contextualizar con evidencia: aplicar distintas herramientas —análisis documental, entrevistas, visitas a campo— para captar la complejidad de los problemas. Una sola fuente nunca es suficiente para entender una realidad social.
Diseñar con creatividad y sentido: evitar soluciones prediseñadas. Es clave integrar perspectivas diversas y adaptar las propuestas al contexto. Una idea puede parecer absurda o irreal al inicio pero luego puede ser catalizadora de una propuesta de valor.
Validar el enfoque constantemente: muchas iniciativas fallan no por falta de esfuerzo, sino porque se malinterpretan los datos o no se adapta la solución al entorno real.
Sistematizar lo aprendido: dejar un documento de lecciones aprendidas no solo fortalece a las organizaciones, también es una forma de construir conocimiento colectivo.
Si estás iniciando tu camino en el mundo de las ciencias políticas, si necesitas estructurar una propuesta o simplemente quieres conversar sobre cómo aplicar mejor tus ideas, puedes agendar una mentoría conmigo. Comparto lo que he aprendido haciendo —y sigo aprendiendo— con cada experiencia.

Mira mi reel de Grandes de la Casa, la cuenta dedicada a los graduados de la UCG, en el siguiente link:




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